martes, 16 de enero de 2018

La Cataluña de Companys: “le rociaron de gasolina, le quemaron vivo y lo tirotearon”

quienresponde

El anarquista Josep Recasens fue conocido como el "Sec de la matinada". Se ganó a pulso el terror que profesaba tras haber quemado vivo el médico de la prisión de tarragona, Josep M. Vives.

Luis Climent, en el clásico Rojos en Tarragona y su provincia, nos describe este episodio así: "Uno de los principales asesinos tarraconenses denominación Recasens, elemento indeseable bajo todos los Conceptos -fallecido Cuando los sucesos de Mayo- guardaba resentimientos personales con el facultativo".

El hecho es que en una de sus estancias en la cárcel, antes de la revolución, había provocado un incendio para fugarse, resultando tener quemaduras. Pidió al médico que le recomendara salir de la cárcel debido a su estado. Pero éste se negó.

Recasens juró vengarse del señor Vives. Al estallar la revuelta, no tardó un día en ir a su casa acompañado de dos compañeros. Le hicieron montar en su auto hasta llegar a la carretera donde le hicieron bajar y le rociaron de gasolina, prendiéndole fuego. Mientras que agonizaba dando gritos espeluznantes, lo tirotearon.

Así fue la esperpéntica ‘cabalgata roja’ de Valencia en 1937



Se ha informado que este evento corresponde a una “tradición” republicana, pero la verdad es que sólo se celebró una vez, en la mañana del domingo 10 de enero de 1937, así que de tradición no tiene nada. Además de ello, cabe preguntarse si recuperar ese evento es una buena idea, si aquella iniciativa es asumible por los valencianos de hoy en día, y si sería presentable en un país democrático un espectáculo como el que se dio aquella mañana de 1937 en las calles de Valencia.

La ‘cabalgata roja’ surgió de la prohibición de la cabalgata de Reyes

La cabalgata roja se llevó a cabo porque al trasladarse el gobierno republicano a Valencia a finales de 1936, el presidente socialista Largo Caballero prohibió la cabalgata de los Reyes Magos por tratarse de una fiesta religiosa. Es un paradoja que el ahora alcalde de Valencia reanude este esperpento invocando la palabra “libertad”, cuando la cabalgata roja no surgió de la libertad, sino de la imposición y la prohibición. Como suprimir la cabalgata de Reyes, sin más, habría provocado bastantes disgustos, el gobierno republicano decidió sustituirla por una “Semana Infantil” que incluía, como las fiestas navideñas, una cabalgata festiva y regalos para los niños. Pero los parecidos se acababan ahí. La nueva cabalgata la organizó el Ministerio de Instrucción Pública, en manos del comunista Jesús Hernández Tomás. El Ministro no se cortó a la hora de que su partido, el PCE, se apropiase de la cabalgata en todos los sentidos.

Un busto del socialista Largo Caballero y una carroza de homenaje a la URSS

El Abc de Madrid, incautado por el gobierno republicano y subtitulado como “Diario republicano de izquierdas”, informó de la cabalgata en estos términos el lunes 11 de enero de 1937: “Algunos de los niños obsequiados estos días iban en la cabalgata llevando banderas y carteles con inscripciones de gratitud al pueblo y al Gobierno.” “Abría marcha una sección de Guardia municipal montada, en traje de gala. A continuación, un gran busto de Largo Caballero, con un saludo del pueblo al jefe del Gobierno; niños con ramos de flores, ofrenda de los jardines valencianos; la bandera nacional escoltada por 70 milicianos“ (…) “varias carrozas, destacándose una que era una cada de la que salía una cabeza de Franco” (…) “otra de homenaje a Rusia, que era un gigantesco soldado y un grupo de niños que simbolizaban la gratitud de éstos hacia el pueblo ruso y, finalmente, una alegoría de la República y niños que entonaban diversos cánticos.”

Una banda de música formada por milicianos en la cabalgata roja 

Es curioso ver que en aquella cabalgata roja iban policías, milicianos y una representación de un soldado ruso, pero ahora Ribó ha prohibido la presencia de la Policía y del Ejército en la cabalgata de los Reyes Magos. Debe ser que si sustituimos a los policías y a los milicianos comunistas por policías y militares de un Estado democrático, a Ribó ya no le agrada la cosa.

La cabalgata incluía una efigie del dictador y genocida soviético Stalin

La revista "Crónica", en su número de 17 de enero de 1937, daba más detalles sobre la composición de la cabalgata roja:

"Abrió marcha una Sección de motoristas.
A continuación, sesenta milicianos con bandas de música y cometas.
Una miliciana a caballo.
Todas las banderas de las organizaciones políticas y sindicales.
Figura simbólica de España, representada por una joven amazona, que hacía ondear la bandera de la República e iba escoltada por otros sesenta milicianos, con otra banda de música."

Es decir, muchos milicianos, banderas de partidos y sindicatos -de izquierdas, claro- pero nada de Reyes Magos. Otro punto de la crónica coincide con lo informado por Abc unos días antes:

"Después desfiló la segunda carroza monumental, inspirada en el agradecimiento de España a la República soviética. Destacaba la figura gigantesca de un soldado ruso, ante el que descendía una escalinata repleta de niños. Los adornos que formaban las barandillas de esta escalinata eran grandes letras que decían U.R.S.S."

Es curioso: se retoma ahora esta fantochada con el lema de ""Libertad, Igualdad y Fraternidad"", cuando dicha cabalgata se inició entre homenajes a un régimen totalitario. Y los homenajes no se limitaron a mencionar a la URSS y a mostrarle agradecimiento. “Crónica” mostraba una de las efigies que desfilaron en la cabalgata roja, la del brutal dictador soviético Stalin, uno de los más grandes genocidas del siglo XX:


En su número del 20 de enero de 1937, la revista “Mundo Gráfico” publicó más imágenes. Vemos, por ejemplo, a niños haciendo el saludo puño en alto de socialistas y comunistas:


Vemos también la carroza de homenaje a la URSS de la que había informado “Crónica”:


En el Archivo Rojo, cuyos fondos están ahora disponibles en la web del Ministerio de Educación, también se pueden encontrar más fotos de esa cabalgata roja. Vemos, por ejemplo, una pancarta de “niños antifascistas” evacuados de Madrid y El Escorial:


En otra foto vemos uno de los pasos de la cabalgata roja, ridiculizando a curas, banqueros, militares y falangistas:


En la siguiente imagen vemos a niñas con flores escoltando la bandera del Partido Comunista:


Y aquí milicianos portando un enorme retrato del presidente del Gobierno republicano, el socialista Francisco Largo Caballero:


El esperpento se completaba con una alegoría de la República puño en alto y con una gran estrella roja a sus espaldas:


Christopher H. Cobb, en su estudio "El Agit-Prop Cultural en la Guerra Civil", publicado por la Universidad de Kingston, comenta lo publicado por el periódico anarquista valenciano "Fragua Social", de la CNT, en su número del 13 de enero de 1937, a modo de queja sobre la instrumentalización comunista de la cabalgata: "Bandas de música a granel. La Internacional a todo pasto."

¿Es esto lo que quiere recuperar Joan Ribó? ¿Es este espectáculo totalitario lo que quiere poner en el lugar de la fiesta cristiana de los Reyes Magos?

viernes, 12 de enero de 2018

La misteriosa cripta de Bilbao donde señalaron a los anarquistas.


La cripta del misterio

Si buscas en google Bilbao  4 de Enero... verás que...

Es un poco vergüenza de Bilbao esta desmemoria. No nos gusta la historia, salvo para tergiversarla. Con razón. El que no le guste, que no siga leyendo.

Esa fecha no le dice nada ni al uno por ciento de la población del país de los museos por la paz. Y de las grandes comisiones parlamentarias en memoria y honor de todas las víctimas. El país, en fin, de la memoria histórica. Donde los aplaudidores y apoyos de las manos manchadas de sangre de hoy, lo justifican porque, es que, … ¡hubo Franco! Hace 70 años. Pero me temo que no sólo hubo Franco.

Hay muy buenas razones para no querer saber. Entre los pocos que se acuerdan, a los más les molesta. Y los menos no quieren molestar a los más. Lo de todas las víctimas, frase tan en boga, es otra de las mentiras del país de los cuentos. Hay responsabilidades que son demasiado extendidas, y muy difíciles de “explicar”. Ni siquiera Laurita Mintegi podría hacer ese prodigio, porque hablamos de un “delito” de opinión anterior a Franco. Es mucho mejor cubrirlas con un espeso manto de silencio.

El ejercicio de olvido tiene su mérito. No habrá muchos en Bilbao que no hayan pasado alguna vez por su cementerio. Y lo primero que uno ve son unas escaleras monumentales que parecen descender a un infierno helado. Dejemos que lo cuenten en el periódico del PNV. Muestra bien lo difícil que es ocultarlo, y la habilidad de la gimnasia de memoria creativa.

La visita comienza, ateniéndose a un orden geográfico, en la cripta que recibe al visitante junto a la entrada principal. Una escalera desciende a un lugar sobrecogedor, cubierto por la humedad. Durante años pudo leerse, donde hoy dice Cementerio de Bilbao, otro lema bien distinto: Los 300 mártires de Bilbao. La historia se cuenta rápido. Bilbao fue bombardeada por la aviación alemana -rebelde, en aquellos tiempos- en repetidas ocasiones entre los años 1936 y 1937. Como represalia a aquella atrocidad, un grupo de ciudadanos asaltó la cárcel de Larrinaga y los barcos-prisión Altuna Mendi y Cabo Quilates, donde dieron muerte a los detenidos. Sus huesos reposan en la cripta señalada y cada año dos misas encargadas por la asociación de ex combatientes, en septiembre y enero, recuerdan aquellos episodios violentos.

Quien se anima a entrar en lo que en el cementerio de Bilbao llaman “la cripta”, si se la abren, encuentra una pieza rectangular en la que tres paredes son nichos de mármol negro. Cinco alturas por sesenta y ocho columnas, de las que todas (340), menos tres, están ocupadas y nominadas.

La historia se cuenta rápido. Mejor así, para no enterarse de mucho. Como represalia a aquella atrocidad -los bombardeos aéreos-, dieron muerte a los detenidos. Como si fuera normal. Como si, por ejemplo, los ingleses hubieran asaltado los campos de prisioneros de guerra alemanes después de cada bombardeo de Londres. O los alemanes sus propios campos de prisioneros. Con la diferencia de que el bombardeo del cuatro de enero produjo entre tres y seis muertos (según las fuentes). Y la atrocidad, para el periódico del PNV, es esa; y no el linchamiento de más de 200 encarcelados por un delito de opinión imaginario.

Dos de los aviadores alemanes se tiraron en paracaídas, tras ser alcanzados por cazas republicanos. Uno de ellos fue muerto por la gente, que llevó el cadáver delante la consejería de Gobernación, en La Bilbaina. El consejero, Telesforo Monzón, les pidió que se disolvieran. Y se “disolvieron”  hacia los edificios que el Gobierno Vasco había dedicado para encerrar a aquellos de los que podía suponer que tuvieran simpatía por el alzamiento. Digamos que hubieran ocupado cargos públicos durante la monarquía. O fueran curas, no nacionalistas. Grandes delitos.  Una vez llegados a las prisiones, empezó el linchamiento – hoy convenientemente olvidado. Algunos guardianes, y no pocos civiles (como Luisa Urquijo, Superiora General del convento e instituto de Los Ángeles Custodios) hablaron por teléfono con el consejero Monzón para avisarle del asalto. Hacia las cinco de la tarde. Como si no lo supiera.

Se lo pensó durante cuatro horas, hasta que finalmente a las nueve de la noche se presentó, junto a otros dos compañeros del gobierno, y paró los asaltos. Con eso se salvaron tres. Doscientos veinticinco, no.  Estaba a unos 15 minutos, en caso de haber ido andando. 800 metros. ¿Cinco minutos en coche?

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También avisaron a Jose Antonio Aguirre. Este, al menos, sí parece que tuviera cierta conciencia de mala actuación. O de falta de. En 1956 dejó escrito:

Llegó el 4 de enero, en el cual más de 200 prisioneros nuestros en las cárceles fueron asesinados por nuestro “populacho”. Y no diré ahora palabras nuevas. Por todo América, en conferencias dadas en 22 universitarias, di frente a este problema diciendo somos culpables nosotros, yo el primero en nombre del Gobierno, porque nos fallaron los resortes del mando en aquel momento.

Se puede explicar así, si llamamos “resortes” a la voluntad. Debió de ser Aguirre el que ordenó a Monzón parar los linchamientos, tras cuatros horas. Más tarde le pidieron al lehendakari la dimisión del consejero de Gobernación, desde su propio partido. Vergüenza, supongo. Pero no la concedió.

Si entras en el cementerio de Bilbao (en Derio), lo primero que verás son unas escaleras que no entiendes a dónde bajan. Nada lo indica.

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Es mejor no entrar, y no saber, porque se trata del infierno. Y está helado. Y además lo tienen cerrado. Lo de todas las víctimas y los museos de la paz son cuentos. Los que quieren pensar en una II República idílica tendrían problemas de digestión. Ya se echaron los trastos a la cabeza en su época, pasándose el bochorno de unos a otros:

En el I Congreso Mundial Vasco, celebrado en el exilio (París, 1956), Telesforo Monzón acusó al batallón UGT-8 [Jean Jaurès] de las matanzas en las prisiones, dando lugar a un grave altercado con los socialistas.

"Luego parece que se pusieron de acuerdo en señalar a los anarquistas".

Pero al final se trata del mismo pueblo elegido que se ha tirado 30 años pensando que si ETA asesinaba a alguien, algo habrá hecho. O es porque hubo Franco y tal; y ya se sabe. Como dice Mintegi. Así que mejor hacemos como que La Cripta no existe, aunque nos la tropecemos de bruces en cada despedida.

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Y el cuatro de enero, en Bilbao, ¿pasó algo? Nunca ha habido una masacre mayor en toda la historia de la villa. Pero preferimos silbar, en lugar de intentar digerirla. Esperemos que no conocernos sea una solución adecuada. No suele serlo, pero no somos capaces de otra.



La Cripta, en números:

25 de septiembre (1936)

En el barco Cabo Quilates: 83
En el barco Altuna Mendi: 29
4 de enero (1937)

En el colegio convento de los Ángeles Custodios: 112.
En El Carmelo de Begoña: 76
En la cárcel de Larrínaga: 19
En la Casa Galera: 18
Lista de todos los nombres del cuatro de enero
Total: 337



 A la entrada de la cripta, todo lo que se explica sobre su motivo es:

""Bilbainos, silencio y oración, honran al ejemplo, ayudan a la imitación"".

Con lo que se le podría llamar la cripta del misterio. Porque el enterramiento principal del cementerio -o lo primero que ves- es una especie de fosa común, en versión de lujo -pero desatendida-, con nichos sin fecha, y ningún motivo aparente. La vergüenza de Bilbao.

La cripta del misterio



El atentado fallido de los anarquistas a Franco en Tenerife


Franco,atentado fallido en Tenerife...

Una nueva investigación detalla el frustrado plan anarquista para asesinar al general, el 14 de julio de 1936, cuatro días antes del pronunciamiento que desembocó en la Guerra Civil



Antonio Vidal Arabi.
Antonio Vidal Arabi.


SOL RINCÓN BOROBIA ""¡Socorro, auxilio, pistoleros!"", gritó Franco al ver que intentaban entrar por la fuerza en su habitación de la Comandancia Militar de Canarias, hoy Capitanía General de Santa Cruz de Tenerife. Llevaba pocos meses en la capital tinerfeña, pero ya sabía que un día de ésos iba a ser el objetivo de un atentado, así que tomaba sus precauciones. Entre ellas, dormir con las puertas y ventanas cerradas a cal y canto.

La decisión de matarlo fue tomada en una reunión entre varios miembros del Comité Confederal de Canarias y la Federación Anarquista Ibérica (FAI). Sin embargo, este plan nació abocado al fracaso; uno de los allí reunidos traicionaría a sus compañeros e informaría de sus intenciones a altos mandos militares.

El libro «Crónica de vencidos», del investigador Ricardo García Luis, recoge varios testimonios sobre ese intento de atentado a Franco la noche del 14 de julio de 1936. Uno de ellos es de Antonio Tejera Alonso, conocido como «Antoñé». Según el autor, este santacrucero fue uno de los tres anarquistas que quisieron matar a Franco aquella calurosa noche.

No estaban solos. Tenían ayuda dentro y fuera de la organización. Una de las colaboradoras imprescindibles para que su plan saliera bien era María Culi Palou, una catalana de 42 años. Era la propietaria del restaurante Odeón, ubicado en la Rambla Pulido, pero también regentaba la cantina de soldados que había en la misma calle. Conocida como Maruca, pasó muchos años en prisión acusada de ayudar a la resistencia que luchaba contra la dictadura. En su ficha consta como agente de enlace de elementos extremistas y fue juzgada y condenada el 11 de enero de 1937 junto a 60 personas más. Diecinueve meses antes de eso, Maruca estaba libre y, como cada día, el 14 de julio de 1936 abrió la cantina para atender a los clientes. Además de los habituales soldados y algún que otro civil, se encontraban tres personas con la cabeza en otra parte. No habían acudido para pasar un buen rato, sino para asesinar a Franco.

Aunque el investigador desconoce la identidad de uno de los tres anarquistas, sí está seguro que los otros dos eran Antoñé y Martín Serarols Treserras, conocido como «El Catalán» y fusilado el 9 de enero de 1937 por pertenecer al Comité de Defensa Confederal de Canarias. García Luis no sabe exactamente cómo ocurrió, si esperaron a que se fueran los clientes del bar o lo hicieron cuando no miraba nadie, pero el caso es que en algún momento de la tarde-noche, se colaron por una trampilla de la cantina y subieron hasta el corredor que conducía a la habitación del general.

La información de que Franco planeaba un golpe de Estado no se quedó entre las cuatro paredes de su despacho ni fue un secreto especialmente bien guardado, por lo que llegó hasta los oídos de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), de la Defensa Confederal de Canarias y de la Federación Anarquista Ibérica. Estas organizaciones contaban entonces con la ayuda de Antonio Vidal Arabi, un intelectual catalán que vivía en Santa Cruz. «Este hombre fue el cerebro de la conspiración», sostiene el autor del libro.

Antoñé siempre lo describió como una persona muy inteligente y en 1936 fue uno de los que acudieron a ver a Manuel Vázquez Moro, gobernador civil de la República en la provincia tinerfeña, para pedirle armas y acabar con quienes planeaban el golpe de Estado. Ante la negativa de Vázquez, decidieron actuar por su cuenta.

Pero en la reunión en la que se decidió asesinar a Franco, había un traidor. Tal vez no se planteó la deslealtad entonces, pero no tuvo dudas cuando un militar -retirado a la fuerza al entrar en vigor la «ley Azaña»- le advirtió de que una vez Francisco Franco se hiciera con el poder él iba a ser detenido y fusilado. El investigador asegura que el militar conocía muy bien a esa persona e incluso eran de la misma isla. «Hizo barbaridades» y era uno de los activistas más radicales. «Tú no escapas. Vas a morir si no colaboras», le dijo el militar. Y decidió colaborar.

Ajenos a este hecho, la tarde noche del 14 de julio de 1936, los tres anarquistas comenzaron a subir por la trampilla que conectaba la cantina de Maruca con las dependencias que ocupaba el general. Cuando llegaron a la azotea de la cantina, se dirigieron al corredor que había encima del jardín de la Comandancia Militar y lo recorrieron hacia la puerta que daba a la habitación de Franco. Una vez frente a ella, la encontraron cerrada e intentaron abrirla a la fuerza. No hubo forma. El general, alertado por el ruido, comenzó a pedir auxilio y finalmente se arrojó a la plaza Weyler.

Al menos, ésa es la versión de Antoñé. Según el anarquista, si Franco hubiera sido «un hombre valiente y sereno», habría acabado con la vida de los tres "como si fueran perros", ya que él podía observar lo que ocurría fuera, mientras que los que intentaban matarlo no veían la habitación por la forma en la que estaba enrollada la persiana.

Ricardo García Luis explica en su libro que este intento de atentado también fue recogido por Joaquín Arrarás, biógrafo del dictador, en su libro "Franco, 1939". No obstante, difiere del testimonio de Antoñé. Según Arrarás, "los sicarios pretendían escalar la tapia del jardín y llegar por él al pabellón central, donde se hallaban las habitaciones de Franco. Cuando se encaramaron en la tapia, uno de los centinelas del jardín les echó el alto y, como no respondieron, hizo fuego poniéndoles en fuga".

El teniente general Francisco Franco Salgado-Araujo, en su libro «Mi vida junto a Franco», también escribe sobre este hecho. "Entrado el mes de julio, ante la insistencia de la información anónima que recibía, en la que se decía que los planes para asesinar a Franco seguían preparándose, decidí reforzar la guardia de Capitanía y aumentar la escolta personal de oficiales". Salgado-Araujo continúa el relato: "En el indicado centro militar había una escalera que comunicaba el jardín con las habitaciones particulares del comandante general y señora. Un atardecer, varios soldados que estaban de servicio notaron que alguien se movía y resguardaba por los árboles que estaban junto a la tapia del edificio. Dispararon rápidamente haciendo huir a varios individuos. Eran tres y se internaron por calles recién abiertas que había en aquel sector". Este teniente general, al contrario que Antoñé, no describe a un Franco asustado: "Franco, que estaba acostado, se enteró de lo sucedido, pero no le dio importancia y siguió descansando", asegura en su libro.

Las tres versiones difieren de cómo ocurrieron los hechos. Mientras el biógrafo de Franco informa de que el intento de atentado fue el 13 de julio, el anarquista lo fecha el 14. Aunque Antoñé no desveló a García Luis su participación en lo sucedido (durante su relato sí se le escapó un «estábamos», su hijo Antonio, ya fallecido, le aseguró al autor de «Crónica de vencidos» que su padre le había contado muchas veces cómo intentó matar a Franco.

Días después del frustrado plan, el 18 de julio de 1936, se produjo el pronunciamiento militar que desembocó en la Guerra Civil española.

La tripulación del "Tinerfe", atracado en el muelle norte del Puerto de Santa Cruz, se debió llevar un susto tremendo cuando varias personas lo abordaron un día de septiembre de 1936. Entre ellas, Antonio Vidal Arabi, que meses antes había planeado el atentado fallido contra Franco en la capital tinerfeña.

Antonio Vidal llegó a Tenerife desde Barcelona en 1923. Vivió durante un tiempo en la calle Castillo, hasta que compró un solar en el 66 de la avenida San Sebastián y se hizo una casa. Allí vivió muchos años con su familia. Era un activista convencido del Comité de Defensa Confederal de Canarias. Considerado un intelectual muy inteligente, fue, según asegura el autor de «Crónica de vencidos», Ricardo García Luis, el cerebro del plan para asesinar a Franco el 14 de julio de 1936.

Con una gran sensibilidad para el arte, trabajó como escultor. No obstante, se ganaba la vida haciendo lápidas de mármol y de piedra. Su negocio creció tanto que tuvo que trasladarlo desde su casa a un local al lado del cementerio de San Rafael y San Roque de la capital tinerfeña. Su actividad política le obligó a firmar los menos papeles posibles. Por eso, aunque el local de Antonio aún está en el mismo lugar, sigue vacío. «No hay papeles que demuestren de quién es para poder venderlo», explicó García Luis. A pesar de que García Luis desconoce la identidad de uno de los tres anarquistas que atentaron contra Franco, se resiste a creer que el tercero fuera Vidal Arabi. «No podían arriesgarse a que alguien como él fuera arrestado», indica.

Las actividades políticas de este catalán le obligaron a esconderse muchas veces. Según García Luis, el día que asaltó el «Tinerfe» tenía la intención de ir en busca de ayuda para luchar contra el régimen de Franco. Sin embargo, nunca volvió. El investigador cree que se fue a Estados Unidos. De todas formas, nadie volvió a saber de él en la isla.

Antoñé, señalado bajo una «x», posa con varios compañeros y niños.
Antoñe, señalado con una x, posando con varios compañeros y niños.




jueves, 11 de enero de 2018

Fuga por la carbonería en 1931





Esta es la segunda parte del histórico viaje a los tiempos en que se asesinaba por idealismo.


En el artículo precedente, Alberto Moroy puso de relieve las incongruencias de un relato siempre repetido con base en las mismas fuentes. Muchas veces los investigadores omiten crónicas periodísticas de la época, que pecarán por ausencia de perspectiva dado que ese no es su objetivo, pero que suelen estar despojadas de retoques posteriores que a menudo  oscurecen más de lo que clarifican. Sorprende, por ejemplo, que una bofetada pueda resultar mayor agravio que una violación. No sorprende en cambio, y desgraciadamente, la brutalidad de un lado y del otro. Algunas ideologías son tan malas consejeras como la pasta base y, en cuento a los abusos, no parece que tuvieran límites ni en el tiempo ni en la geografía planetaria.

En esta segunda entrega, esta vez sobre la fuga de aquellos y otros delincuentes por un tunel practicado en el Penal de Punta Carretas, hoy transformado en uno de los mayores shopping y en una admirable obra arquitectónica que respetó algunas cosillas, pero omitió algunas otras. Como ésta.

El 18 de marzo de 1931 (21/2 años después) se escaparon por un túnel aquellos detenidos; obra maestra de ingeniería, había sido construido desde el exterior del penal de Punta Carretas a partir de una carbonería llamada “El Buen Trato”, comprada por compañeros anarquistas de los presos. El responsable principal de aquella espectacular acción fue un argentino llamado Miguel Ángel o Miguel Arcángel Roscigna, (el que se fugo) que tenía entonces 40 años y una larga actuación como “anarquista expropiador” en Argentina. El 26 de marzo, apenas una semana después de la fuga, Roscigna fue detenido junto a otros compañeros en casa de un Roberto Dassori, que vivía en una casa de la calle Curupy y General Flores.




Carbonería años después / Ubicación Francisco Solano García 2529 (A),  frete al Shopping

                                                   Cárcel de Punta Carretas



Roscigna participa en febrero de 1929 en el asalto a los establecimientos Kloeckner en Buenos Aires  y en octubre de 1930, en plena represión uriburista, junto con Severino Di Giovanni, en el atraco al pagador de Obras Sanitarias, en Palermo. El botín, nada menos que 286.000 pesos, es empleado en un 70 por ciento para la ayuda de compañeros presos, gran parte de lo cual llevan Miguel Arcángel Roscigna y José Manuel “el capitán” Paz a Montevideo para financiar una obra para liberar a Antonio Moretti, los catalanes y otros anarquistas presos en Punta Carretas por el asalto al cambio Messina.



En agosto de 1929, una familia italiana se instala frente a la cárcel de Punta Carretas, el nuevo vecino se llama Gino Gatti, y se instala con un comercio carbonería, exhibiendo el anuncio: “Carbonería El Buen Trato: venta de carbón, de leña y de piedra”. Desde entonces se gana la simpatía de los vecinos. Pero en la primera semana de marzo de 1931, a pesar de que los negocios marchan bien, el matrimonio decide marcharse a Buenos Aires.

                                             Gino Gatti, “el carbonero”

Pasan los días y precisamente el 18 de marzo por la tarde, un guardia cárcel de la prisión de Punta Carretas observa atentamente a los reclusos que gozan de su corto recreo diario en el patio. Tiene la sensación de que algo extraño está ocurriendo pero no puede decir qué es. Se le ha dado la instrucción precisa de que vigile expresamente al alemán Erwin Polke, pero éste está jugando allí, en el medio del patio, al ajedrez. Minutos después se oyen gritos exteriores, pitadas y sirenas. Los gritos parten de vecinos de la carbonería “El buen trato”. Es que han visto salir a unos cuantos desconocidos por los fondos y han creído que se trata de ladrones que están desvalijando la ex carbonería de Gatti. Se agolpan enseguida policías y guardia cárceles y rodean el terreno. Es cuando aparecen dos nuevos desconocidos por la puerta del fondo, y al verse rodeados, tratan de meterse nuevo en el local. Pero ya es tarde. Los aprehenden y cuál no es la sorpresa de los guardia-cárceles presentes al reconocer que se trata de 2 penados de Punta Carretas, uno de ellos Aurelio Rom, anarquista, cuñado de Antonio Moretti.

Al entrar al local, la policía se encuentra con algo inusitado: un profundo pozo perfectamente iluminado que pareciera ir al centro de la tierra, un cuadrado de dos por dos apuntalado con maderas. Se baja con una escalerilla hasta cuatro metros de profundidad. De allí comienza un túnel de 50 metros de largo, “es una obra técnicamente perfecta”, dirán luego los ingenieros de la policía; está realizado en forma de una bóveda y tiene iluminación eléctrica al igual que caños para su ventilación.

                                                                  La bajada al túnel
Retretes, el último de la izquierda, donde se fugaron / túnel con piso de  arpilleras nuevas y ducto de aire

                                                             Así lo vio la prensa


Túnel “perfecto” para liberar a los presos de Punta Carretas Los realizadores del túnel son además de Gino Gatti (a quién desde entonces se lo apodará el ingeniero), Miguel Arcángel Roscigna, Andrés Vázquez Paredes, el “capitán” Paz y Fernando Malvicini (anarquista rosarino integrante del grupo Severino Di Giovanni). El momento culminante fue, sin duda, el instante en que debían dar el último toque y hacer la salida en el baño de la prisión. Para ello, la noche anterior habían llegado a apenas 50 centímetros de la salida, y así lo dejaron, apuntalando el piso del baño. Cuando llegó la hora de recreo de los presos, Roscigna y sus compañeros desde adentro del túnel levantaron el piso del baño. En la cárcel los únicos que estaban enterados eran Vicente Moretti, su cuñado y los tres anarquistas catalanes. El primero en ir al baño fue Moretti, quién se encontró no solo con el agujero, sino también con una escalera para bajar. Luego salieron los tres catalanes y detrás de ellos, cinco presos comunes que aprovecharon la bolada. Cuando se dispuso a salir Rom y otro preso, fueron apresados.

Tres eran los coches que esperaban a los prófugos en la calle que daba a los fondos de la carbonería. De allí huyeron sin dejar rastros. Roscigna había cumplido con su palabra: liberar a sus compañeros detenidos.

                               Buick robado unos días atrás / Otro de los autos

La bofetada fatal. Esa tarde tuvo una primera entrevista con el comisario Luis Pardeiro, quien, al decir del propio Roscigno, “usó conmigo los procedimientos más brutales e indignos”. Laureano Riera, en sus “Memorias de un luchador social”, editadas en Buenos Aires muchos años después, recordaba que Pardeiro le había dicho a Roscigno: “Yo a vos no te voy a poner la mano encima para destrozarte, porque sos duro, tenés cartel internacional, estás muy protegido por los políticos, la prensa y el populacho te considera un héroe.

-Pero te voy a hacer algo peor: voy a traer a tu mujer y te la voy a hacer montar por los milicos en presencia tuya. Y no vas a poder chillar para no pasar vergüenza”. Según la misma fuente, Roscigno respondió a estas palabras con un insulto y Pardeiro lo abofeteó. Boadas Rivas, anarquista y posible testigo presencial de aquellos hechos, cuenta que más tarde Roscigno le dijo a su abogado, el político blanco Lorenzo Carnelli: “Ese hijo de puta me dio una bofetada. No se la voy a perdonar en mi vida. Me la tengo que cobrar; preso o en libertad, algún día me voy a cobrar esa bofetada.”

El atentado. Comisario Luis Pardeiro

Corría el año 1932 en el “Uruguay feliz” que estaba a punto de dejar de serlo; Gabriel Terra aún era presidente constitucional, apenas apuntaba en el horizonte la durísima crisis que sacudía el mundo capitalista desde 1929 y la “gran depresión” aún era algo que les pasaba a otros. Después de todo, ¿no se había construido en seis meses, un año y medio antes, el Estadio Centenario, y no era Uruguay campeón del mundo de fútbol?



En un mes de febrero particularmente asfixiante el comisario Luis Pardeiro se encontraba investigando algunas irregularidades acaecidas en la Aduana. Todos los días su chofer, Edgardo Gariboni, lo iba a buscar a su casa, cerca de Larrañaga y Monte Caseros, lo transportaba hasta el edificio de la Aduana y luego lo devolvía a su domicilio


Diario El País

Bulevar Artigas y Monte Caseros, 24 de febrero de 1932: asesinato del comisario Luis Pardeiro y su chofer José Chebel Seluja a manos de anarquistas expropiadores. El auto del jerarca policial se había detenido en las vías del ferrocarril que entonces pasaba por allí. Los anarquistas, que se la tenían jurada por las torturas que según decían practicaba el comisario, aprovecharon para matarlo de varios balazos.


Liberación y desaparición en Buenos Aires

El 31 de diciembre de 1936 se cumplió el periodo de detención a que habían condenado a Miguel Roscigna, Andrés Vázquez Paredes, Fernando Malvicini, y José Manuel Paz. Una vez liberados fueron expulsados hacia Buenos Aires y entregados esposados al departamento de Orden Social. El 25 de mayo de 1937, cuando los familiares de Roscigna y los integrantes de la Comisión Pro Presos fueron a inquirir el departamento de policía sobre el paradero de los anarquistas, les informaron que los anarquistas han sido trasladados a La Plata, en La Plata les informaron que estaban en Avellaneda, en Avellaneda que estaban en Rosario, en Rosario que estaban en Tandil, y así sucesivamente. La búsqueda fue infructuosa (hasta los grupos de Barcelona enviaron dinero para que se continuase con la búsqueda). Roscigna, Vázquez Paredes y a Malvicini jamás aparecieron con vida, y se sospecha que fueron arrojados al río de la Plata.

sábado, 6 de enero de 2018

La Revuelta del Alt Llobregat.

Manuel Prieto minero asturiano apodado "El Cojo" y la "revuelta del Alto Llobregat" en enero de 1932

La revolución de Manuel Prieto




                                         
El minero anarquista apodado "el Cojo", y que se presume fue formado en La Felguera, lideró la revuelta de Figols, en el Alto Llobregat, en 1932.


Estación de Figols-Las Minas con el Castillo del Sr. Olano en la parte superior y la iglesia de la Consolació a la derecha, año 1911.


En enero de 1963, una explosión de grisú se llevó a veintiún mineros en el Pozo Santa Eulalia (Llascares), de Langreo; cuatro años más tarde, en el Coto Santo Tomás, propiedad de Hulleras de Turón, hubo otras once víctimas y ya en 1995 -como aún recordamos muchos- la lista de grandes catástrofes de nuestra minería se cerró en el pozo Nicolasa con catorce muertos más Sin embargo, el mayor desastre dentro de las explotaciones de carbón españolas en la segunda mitad del siglo XX se produjo fuera de Asturias. Fue en la mina Consolación de Figols, en el Alto Llobregat, el 3 de noviembre de 1975, mientras el país estaba en vilo porque Francisco Franco entraba en el quirófano y el Sahara español sufría la amenaza de una marcha marroquí para reclamar el territorio.

Por eso, la noticia del suceso pasó casi desapercibida a pesar de que sus consecuencias fueron terribles: la bola de fuego y los efectos expansivos se notaron a más de un kilómetro de distancia en el interior de la galería dejando 30 muertos y varios trabajadores gravemente heridos. A pesar de que cuatro directivos fueron procesados, las causas de la deflagración no pudieron establecerse del todo y por ello no hubo condenas.


El carbón de Figols es lignito y dejó de extraerse en 1991, por culpa de la misma crisis que afecta desde la década de los 80 a la hulla de la montaña central asturiana: Tiene, como ven, una historia similar a la nuestra, trabajo duro, accidentes, enfermedades crónicas e incluso su propia revolución en los años 30. Y este capítulo es el que hoy les cuento porque su principal protagonista fue un minero asturiano. Pero antes vamos a ver los hechos.


Se conoce como "revuelta del Alto Llobregat" o "hechos de Figols" a lo ocurrido tras la convocatoria de una huelga general revolucionaria entre los días 18 y 23 de enero de 1932, a menos de un año de la proclamación de la II República. El movimiento se inició en Berga para extenderse por los pueblos de los alrededores y tuvo su corazón en la mina de Figols, mientras Manresa sirvió de base al ejército que tuvo que intervenir para controlar la situación.


El diario "AHORA" haciéndose eco de la "revuelta del Alto Llobregat"

Toda la prensa del momento y los historiadores coinciden en que el alma de la insurrección fue Manuel Prieto, un minero veterano que contaba entonces cuarenta y tres años y al que llamaban "el Cojo" porque había sobrevivido con ese tributo a un derrabe en alguna mina de la cuenca asturiana antes de trasladarse con su familia a las explotaciones de Cataluña. Confieso que ha intentado sin éxito determinar su procedencia exacta, aunque basándome en su militancia anarquista me atrevo a decir que se formó en la zona de La Felguera.
Se ha escrito que Manuel era uno de esos libertarios a la antigua usanza que creía en la bondad humana y rechazaba la violencia gratuita hasta el punto de que durante los ejercicios de tiro insistía ante sus compañeros para que practicasen sobre las piedras respetando a los árboles porque también estos eran seres vivos.
El Alto Llobregat, con minas y con fábricas textiles, era en 1932 un lugar afectado por la crisis económica internacional prolongada desde el famoso crack de la bolsa de Nueva York, donde los obreros malvivían con unos salarios ajustados. Cuando los de los telares solicitaron un aumento, recibieron por respuesta lo contrario: despidos y recortes en las nóminas, por lo que la huelga se hizo inevitable.

En un principio fue solo un paro pacífico, pero los empresarios sacaron a la calle a los somatenes y empezaron a menudear los incidentes. Al mismo tiempo, los mineros también estaban a punto de explotar, cansados de sufrir despidos injustificados y continuos accidentes por la falta de seguridad del interior de los pozos, de manera que al conocer la protesta del textil no dudaron en sumarse a ella, aunque con métodos más expeditivos.



Desde hacía tiempo un grupo de la Federación Anarquista Ibérica y algunos elementos próximos a la III Internacional ya se planteaban una rebelión, con la esperanza de que los trabajadores del resto de España se iban a sumar a la propuesta. Para este fin lograron esconder un pequeño arsenal en Berga. Según algún testimonio fue el descubrimiento de este alijo lo que precipitó los acontecimientos: salieron a las calles y tras hacerse con las armas de los somatenes y de algunos particulares del pueblo tomaron el Ayuntamiento, mientras la Guardia Civil permanecía acuartelada a la espera de órdenes. Pronto el movimiento prendió en toda la comarca y en las minas cercanas se repitió la misma situación al tiempo que se cortaban las comunicaciones de la zona.

No hubo víctimas, robos ni violencia, pero lo que hizo que este movimiento pasase a la historia fue la proclamación del comunismo libertario: durante una semana la vida se organizó sin dinero ni más autoridad que la de los comités revolucionarios que llamaron a la votación de todos los mayores de 16 años para elegir a sus miembros en menos de 48 horas. Manuel Prieto fue la cara visible de la insurrección y siguiendo sus indicaciones la economía funcionó con vales improvisados y las minas se mantuvieron abiertas para tareas de conservación pensando que sus ganancias no iban a tardar en ser gestionadas por los trabajadores.

Cada familia sacaba del economato de acuerdo a sus necesidades; en Suria se llegó a prohibir la venta de bebidas alcohólicas y el juego; en Cardona se dictó una norma para condenar con la muerte a los saqueadores? pero no hubo necesidad de ponerla en práctica.
Como todas las utopías, la de Figols duró muy poco y fue el propio Manuel Prieto quien decidió ponerle fin. La impaciencia por conocer lo que estaba sucediendo fuera de aquel pequeño mundo que los mineros habían blindado le decidió a hacer una escapada hasta Barcelona y lo que vio le hizo perder toda esperanza: en la capital la normalidad era absoluta y aunque se estaba preparando una huelga en solidaridad con su acción, nadie pensaba en convertirla en revolucionaria.




                                               
Ya de regreso, hizo saber a sus compañeros cuál era la realidad y la conveniencia de deponer las armas: la reacción fue muy parecida a lo que iba a suceder en Asturias poco tiempo después cuando a Belarmino Tomás le tocó jugar el papel de poner fin a la revolución de 1934. Mientras una mayoría aceptó la situación, los más exaltados se sintieron engañados manifestando su intención de resistir hasta la muerte. Finalmente, como aquí, se aceptó la rendición, con la diferencia de que las tropas del Gobierno no llegaron a enfrentarse a los mineros ni hubo sangre por ningún lado y, en consecuencia, la represión sobre los alzados se limitó a la deportación de sus dirigentes.

Manuel Prieto, decidió asumir su responsabilidad. Cuando ya tenía un pie en la frontera dio media vuelta para entregarse y sumarse a los detenidos en Figols. Junto a los protagonistas de la huelga, también fueron apresados un puñado de destacados militantes de la CNT acusados de estar detrás del asunto, entre ellos algunos tan conocidos como Buenaventura Durruti y los hermanos Ascaso. Entre todos sumaron 108 hombres, que por decisión de las Cortes Constituyentes republicanas fueron embarcados hacía Guinea Española en el trasatlántico "Buenos Aires", un cascarón de chatarra que estaba esperando el desguace en el puerto de Barcelona.
Al amanecer del 10 de febrero el barco se hizo a la mar protegido por un destructor, ante la desilusión de los detenidos que esperaban una reacción obrera que impidiera su marcha; tras hacer escalas en Valencia y Cádiz para recoger a más deportados siguió su ruta hacia Bata en un larguísimo viaje que incluyó protestas, enfermedades, huelgas de hambre e intentos de fuga, pero finalmente el Gobierno decidió alterar su destino y el desembarco se produjo en Villa Cisneros.



Los mineros presos bajando por la montaña escoltados por la guardia civil  desde Sant Corneli  hasta la carretera donde les esperan los camiones para ir a Barcelona. 1932


Hasta hace poco, se daba por bueno que todos habían bajado allí para esperar la liberación que no llegó hasta agosto; ahora se ha sabido que el Gobernador del Sahara colonial no quiso hacerse cargo de Durruti porque lo consideraba responsable de la muerte de su padre, Fernando González Regueral, exgobernador de Vizcaya, en un atentado ocurrido en mayo de 1923. El caso es que todavía hoy se discute esta autoría, pero el anarquista y un puñado de compañeros, entre los que se encontraba el minero asturiano fueron conducidos hasta Fuerteventura, donde permanecieron cuatro meses y medio.
Manuel Prieto García volvió a presentarse ante la historia el 21 de julio de 1936. Fue de los primeros en incorporarse a la lucha contra el golpe militar y también de los primeros en caer, ya que el grupo de milicianos que había organizado cayó frente a un destacamento emboscado de la Guardia Civil en los alrededores de Pina de Ebro, a unos treinta kilómetros de Zaragoza. Es uno de esos personajes interesantes de la Montaña Central, que aún tiene su biografía por hacer.

Los Fueros y subordinándolos a la Constitución española.




1839 - Primera Guerra Carlista 1833 a 1839 se termino por cansanciao 1839 Fin de la primera guerra carlista en el País Vasco con el Convenio o abrazo de Bergara.

Ley confirmando los Fueros y subordinándolos a la Constitución española.


1839 - Primera Guerra Carlista 1833 a 1839 se termino por cansanciao


 1839 -a

 1839- (A) Iñaqui Agasagasti

1841 Ley de modificación de los Fueros de Navarra.



1865 Nacimiento de Sabino Arana en Abando (Bizkaia) en una familia carlista.



1876 Fin de la última guerra carlista con la derrota del carlismo. Ley abolitoria de los Fueros vascos, obra de Cánovas.



1878 Decreto de Cánovas aprobando el Concierto económico para Álava, Gipuzkoa y Bizkaia.

1878 Canovas

1878 Canovas



1882 Sabino Arana pasa del carlismo al nacionalismo por influjo de su hermano Luis.



1892 Sabino Arana publica el libro Bizkaya por su independencia, acta fundacional del nacionalismo vasco.

1893 - 3 de junio Txakoli Larrazabal

 1893 - 3 de junio Txakoli Larrazabal

1893 Discurso en el txakolí de Larrazábal de Sabino Arana a un grupo de fueristas euskalerriacos. Primer periódico nacionalista vasco: Bizkaitarra (Bilbao), dirigido por Arana.



1894 Con motivo de la gamazada, Arana contacta con los euskaros navarros.

Arana crea el primer centro nacionalista en Bilbao: Euskeldun Batzokija, donde se iza por vez primera la ikurriña diseñada por los hermanos Arana.



1895 Fundación del PNV en Bilbao bajo la presidencia de Sabino Arana.

Encarcelamiento de Arana. Suspensión de Bizkaitarra y Euskeldun Batzokija por el Gobierno de Cánovas.



1896 Semanario fuerista Euskalduna (Bilbao), que pasa al nacionalismo en 1898.



1897 Arana publica el folleto El Partido Carlista y los Fueros Vasko-Nabarros y el semanario Baserritarra (Bilbao). Inventa el neologismo Euzkadi.



1898 Ingreso del grupo fuerista de Ramón de la Sota en el PNV

Elección de Arana como diputado provincial de Bizkaia por Bilbao. Moción de Arana a la Diputación para crear un Consejo Regional vasco.



1899 Primeros concejales del PNV en Bilbao y algunos pueblos de Vizcaya.

Fundación del Centro Vasco y de El Correo Vasco (Bilbao), primer diario, del nacionalismo.

El Gobierno de Silvela cierra la prensa y los centros nacionalistas.



1900 Boda de Sabino Arana con Nicolasa de Achica-Allende, aldeana de Busturia (Bizkaia).



1901 Arana publica la revista Euzkadi y el semanario La Patria en Bilbao. Primeros contactos del PNV con la Lliga Regionalista de Cataluña.

1902 - Sabino en la cárcel de Larrinaga

 1902 - Sabino en la cárcel de Larrinaga

1902 Arana, estando en la cárcel de Bilbao, plantea su “evolución españolista”. Suspensión gubernativa de los concejales bilbaínos del PNV.



1903 Arana publica el melodrama Libe. Semanario Patria (Bilbao).

Arana nombra a Ángel Zabala su sucesor en la jefatura del PNV Fallecimiento de Sabino Arana en Sukarrieta, Pedernales (Bizkaia).

1904 - Primera junta directiva de Juventud Vasca.

 1904 - Primera junta directiva de Juventud Vasca.

1904 Fundación de Juventud Vasca de Bilbao.

1905 Reaparece la revista Euzkadi (Bilbao), del PNV.

1906 Semanario Aberri (Bilbao). Manifiesto y organización del PNV con la restauración de los Fueros como meta. Dimisión de Ángel Zabala. Folleto Ami Vasco, catecismo nacionalista, de Evangelista de Ibero.



1907 Primer alcalde nacionalista de Bilbao: Gregorio Ibarreche.

Semanario Gipuzkoarra (San Sebastián) y revista Jel (Bilbao).



1908-1915 Luis Arana dirige el PNV, presidiendo primero el BBB y después el EBB.



1909 Semanario Bizkaitarra (Bilbao).



1910-1911    Intento fallido de Francisco Ulacia de crear un partido nacionalista liberal y republicano en Bilbao con el semanario Askatasuna.

1911 - Solidaridad de Obreros Vascos el 31-XII-1911

 1911 - Solidaridad de Obreros Vascos el 31-XII-1911

1911 Fundación del sindicato nacionalista Solidaridad de Obreros Vascos en Bilbao, impulsado por el PNV. Semanario Napartarra (Pamplona).



1912 Semanario Arabarra (Vitoria).



1913 Aparece Euzkadi, diario oficial del PNV editado en Bilbao hasta 1937.



1914 Diario La Tarde (Bilbao). Nueva organización del PNV



1915 Pacto secreto de Luis Arana con el gobernador civil de Bizkaia en las elecciones municipales.



1916 Expulsión de Luis Arana, quien refunda Euzkeldun Batzokija y el periódico Bizkaitarra (Bilbao).

Semanario Aberri, de la Juventud Vasca de Bilbao.

El PNV cambia de nombre: Comunión Nacionalista Vasca.



1917 Revista cultural Hermes (Bilbao), dirigida por Jesús de Sarria.

Estrecha colaboración entre la Lliga de Cambó y la Comunión de Sota.

Primera mayoría nacionalista en la Diputación de Vizcaya, presidida por Ramón de la Sota (hijo).

Campaña por la autonomía de las Diputaciones vascas.



1918 Victoria de la Comunión en las elecciones generales en Bizkaia.

Primera minoría nacionalista vasca en las Cortes.

Libro La Nación Vasca de Engracio Aranzadi (Kizkitza).



1919 Fracasa el intento de autonomía para el País Vasco.

Periódico El Obrero Vasco (Bilbao), de SOV



1920 Retroceso electoral de la Comunión.



1921 Alianza Foral de Navarra, coalición de nacionalistas y jaimistas o carlistas.

Escisión del ala radical e independentista, que refunda el PNV (Aberri), liderado por Elías Gallastegui, al que se une el grupo de Luis Arana.



1922 Manifiesto y organización del PNV aberriano, que funda la agrupación fe­menina Emakume Abertzale Batza.

Desaparición de la revista Hermes por el suicidio de Sarria.



1923 Diarios La Voz de Navarra (Pamplona), de la Comunión, y Aberri (Bilbao), del PNV.

Folleto Los errores del nacionalismo vasco y sus remedios, de Eduardo Landeta.

Pacto de la Triple Alianza en Barcelona de los nacionalistas radicales catalanes, vascos y gallegos.

La dictadura de Primo de Rivera persigue al PNV (cierre de Aberri) y tolera a la Comunión, cuya prensa continúa publicándose con censura.

La doble matanza de Badajoz




 1- YAGÜE, ASESINO DE MASAS



Cartel denunciando la matanza de la Plaza de Toros de Badajoz. No conozco su procedencia. Lo he incluído porque recoge en tono amargo pero reivindicativo los sucesos que ocurrieron.


-"Se dice que más de dos mil personas han sido fusiladas ya en Badajoz". Yagüe se encogió de hombros, miró al periodista y contestó secamente: - “No deben ser tantos”.

Entrevista de Mario Neves, del Diario de Lisboa, al teniente coronel Juan Yagüe, durante los primeros días de las matanzas de Badajoz.

- “Por supuesto que los matamos. ¿Qué esperaba usted? ¿Que iba a llevar cuatro mil prisioneros rojos conmigo, teniendo mi columna que avanzar contrarreloj? ¿O iba a soltarlos en la retaguardia y dejar que Badajoz fuera roja otra vez?”.

Entrevista de Yagüe con John T. Whitaker, del New York Herald, tres días después. El periodista le pregunta hasta dónde era verdad lo que se contaba de los asesinatos de Badajoz. Esta vez Yagüe se mostró más abierto a responder.
Agosto de 1936. El ejército fascista sublevado avanza desde Andalucía hacia el norte de la Península. En su camino se encuentra Badajoz, cuya conquista es vital para ellos pues significaría la unión del ejército del sur con el del general Mola, que domina el norte.

La ciudad se encuentra aislada tras la caída de Mérida unos días antes. Con unos40.000 habitantes, está defendida por unos tres mil milicianos sin preparación militar y de entusiasmo desigual y 500 soldados al mando del coronel Ildefonso Puigdendolas.


Situación de la G.C.E. en agosto de 1936. Imagen de Wikipedia.

El armamento de los atacantes y su organización son infinitamente superiores a todo lo que puede ofrecer para su defensa la ciudad de Badajoz. El asedio lo llevan a cabo 2.250 legionarios, 750 regulares marroquíes y muchas baterías de artilleríaal mando del teniente coronel Juan Yagüe. Además, la aviación alemana e italiana, especialmente los Junkers Ju-52, los famosos Stukas, provenientes de aeródromos portugueses bombardean continuamente a la población. Algunas tropas de Yagüe se han infiltrado por la raya de Portugal para sorprender a los republicanos por la espalda. Los tiroteos no cesan en toda la noche...



Fotografía del teniente coronel Yagüe acompañado por Franco.


El día 13 Badajoz se queda sin luz eléctrica y rodeada de enemigos por todas partes, comienzan las deserciones en masa. Sólo conserva sus murallas del siglo XVIII, defendidas por grupos de milicianos y de soldados.
Esa tarde los milicianos rechazan con fuego de ametralladoras el primer asalto. La guardia civil de Badajoz aprovecha la confusión del combate para sublevarse por la espalda. Los tiroteos en el interior de la ciudad no cesan en toda la noche.


Creo que esta fotografía corresponde a milicianos republicanos defendiendo Badajoz, pero no he podido confirmarlo .

Al amanecer del día 14, la artillería rebelde abre fuego contra las murallas de Badajoz. Este intenso bombardeo dura varias horas y destroza las murallas y las viviendas de los alrededores. Por la tarde vuelve a comenzar el asalto por las brechas que ha abierto la artillería. Tras las tanquetas, los legionarios se lanzan de nuevo al asalto; el fuego de las ametralladoras vuelve a pararlos de nuevo y a ocasionarles numerosas bajas. Pese a ello, consiguen penetrar en la ciudad.

A las cuatro de la tarde, tras un encarnizada lucha cuerpo a cuerpo, los rebeldes dominan ya gran parte de la ciudad, pero la lucha callejera continuará hasta el anochecer. En la catedral se refugian cincuenta milicianos peleando hasta quedarse sin municiones. Son capturados y ejecutados ante el altar mayor, pese a que luego harán correr la voz de que se suicidaron.


Prisioneros republicanos ejecutados junto a las tapias del cementerio de Badajoz poco después de que las tropas de Regulares y las de la Legión tomaran por asalto la ciudad. Foto realizada por el francés René Brut.

Esta es la señal para comenzar la matanza. La primera. Los moros, sueltos como perros rabiosos y armados hasta los dientes, caen sobre la ciudad martirizada yasesinan alevosamente a todo aquel que se aventura a salir a la calle. Cae mucha gente inocente, mujeres indefensas, hombres que no han combatido, niños y ancianos. Hay quien muere acuchillado simplemente por llevar un reloj o una cadena de oro que despierta la codicia de los mercenarios moros al servicio del fascismo español. Se ven cadáveres con cuchillos clavados hasta la empuñadura.

 
Las tropas moras de Yagüe.

Algunos oficiales alemanes, al servicio del general Franco, se dan el gusto defotografiar cadáveres castrados por los moros, los cuales no cesan de realizar todo tipo de ritos sexuales con el enemigo muerto. Incluso asesinan, alborozados, a muchos bebés de escasos meses. Todas las mujeres y las niñas que caen en sus manos son violadas sistemáticamente antes de que sean asesinadas. Metiéndoles las bayonetas por la vagina y abriéndolas en canal.


Una inscripción laudatoria a Franco en el idioma de sus tropas "indígenas".

Entretanto, conocidos falangistas de Badajoz se encargan de delatar y localizar a los rojos republicanos. Los que no son torturados y muertos salvajemente en la calle o en las azoteas, son conducidos a la Plaza de Toros. En el tendido, junto a la barrera, han instalado unos focos para iluminar la arena. Allí están, confinados y atemorizados, todos los presos republicanos, la mayoría de ellos civiles.



Plaza de Toros de Badajoz, hace ya varios años derribada en contra de las protestas de muchas asociaciones memorialistas.

En los asientos de más arriba, esperando que dé comienzo el espectáculo, se encuentran los señoritos falangistas y los terratenientes de la zona, los de siempre, junto a los jefes moros del Tabor de Regulares, alternando “cristianamente” con lasseñoritas devotas que han sido invitadas.

Suena el clarín. Los prisioneros, desconcertados, miran a todos los lados con los ojos desorbitados. No saben qué significa aquello...

Fuente: Mundo enfermo.... y no me extraña.


Los Moros no cometieron la matanza de Badajoz.... Las víctimas ¿Eran anarquistas?

Según unos documentos que tengo...

Francisco Sánchez Ruano es en la actualidad profesor de la Sociedad de Estudios Internacionales de Madrid. Periodista y conferenciante, ha escrito varios libros de índole histórica. Dentro del Aula HOY, hablará de su obra 'Islam y la Guerra Civil española', donde analiza el papel de los 'moros', como entonces se llamaban, en la contienda.

-¿Fue tan importante la participación de los moros en la Guerra Civil como se dice?

-No es que fuera importante, es que el único ejército profesional que tenía el Estado español era el llamado Ejército de África. Estaba en el Marruecos español, y lo componían la Legión y los moros, también llamados tropas indígenas. Estos últimos pertenecían a una unidad oficial que existía dentro del Ejército de África, que era el Cuerpo de Regulares, creado por el entones coronel Dámaso Berenguer, en 1911. Este Cuerpo derivaba a su vez de unos voluntarios que existían desde la época del Imperio Español, en el siglo XVI, que con el tiempo se convirtieron en la unidad de Regulares.

-¿Eran tan sanguinarios como cuentan las crónicas?

-Sí, porque de entrada la guerra es así. Es decir, no conozco ninguna guerra que no sea sanguinaria. Habría que señalar aquí dos aspectos. En primer lugar, no sólo estos regulares participaron en la Guerra Civil. También estuvieron otras unidades, como los Tiradores de Ifni. Además, había unas unidades irregulares, que eran las harkas, que dirigían algunos españoles que llegaron a oficiales y que ocuparon puestos importantes en la dictadura franquista, como el general Varela o Muñoz-Grandes. Estas unidades estaban formadas por moros, dirigidas por un caid o jefe que estaba al servicio de un oficial español. Estas harkas operaban el tiempo que duraba la campaña que se hacía, y una vez terminada se disolvían hasta la próxima. Vivían sobre el terreno, no tenían un sueldo oficial, ya que menos el caid, el resto vivían del botín.

-Usted habla también en su libro de problemas religiosos entre los moros...

-Cuando Franco llega a Tetuán, termina con la poca resistencia de los republicanos. Empezó a surgir un movimiento nacionalista marroquí, dirigido por Abdeljalak Torres, que decía que la Guerra Civil era un asunto entre españoles. Cuando Franco vuela a Sevilla el 6 de agosto, deja como alto comisario al general Orgaz. Este quiso fusilar a Torres por una carta que mandó al califa, en la que protestaba por los moros voluntarios que iban a España a luchar sin pertenecer a las tropas regulares. Aseguraba que eran musulmanes y sólo podían luchar en guerras entre musulmanes. Posteriormente, Franco relevó a Orgaz y nombró a Beigbeder. Este, mucho más inteligente, convenció a Torres para que apoyara su causa. Curiosamente, mientras Franco luchaba contra la democracia, Beigbeder permitió los partidos y la libertad de prensa en el Marruecos español.

Sin rival

-Se ha hablado mucho de la valentía de los moros en el campo de batalla, ¿tuvieron rival en las tropas republicanas?

-Eso conecta con su fama de sanguinarios. De entrada, los moros estaban acostumbrados a guerrear en su propia tierra. Si eran sanguinarios cuando lo hacían al lado de las tropas españolas contra sus propios compatriotas, cómo no lo iban a ser en un país y un continente que no era el suyo, en una sociedad en la que no sabían bien el idioma, en una religión que no era la suya... Además, querían vengarse de unos españoles en los que veían a los cristianos que les habían invadido, aunque lucharan al lado de otros cristianos. Pero ellos no estaban en condiciones de razonar sobre esto. Las tropas regulares y la Legión eran fundamentalmente tropas de choque, eran los que estaban siempre en primera línea, y hay testimonios de soldados que agradecen a Franco que utilizara a los moros, porque les libraba así de estar en primera línea. Estaban en peligro constantemente, y por eso sabían que su vida valía muy poco, y no digamos la del adversario.

-Usted dedica un capítulo entero a los moros que lucharon del lado de la República ¿Qué les motivaba?

-Pude hablar con un veterano que vivía en Tánger. Me contó que no tenían ninguna motivación de tipo económico. Prácticamente los 1.000 moros que participaron en la Guerra Civil del lado republicano lo hicieron para luchar a favor de la democracia y la libertad contra el fascismo. También pensaban que defender la causa democrática podía ayudar a los pueblos árabes, que estaban dominados por las potencias occidentales. Esta es una de las aportaciones más originales de este libro. Según los datos que tengo, la mitad de estos voluntarios eran argelinos, reclutados por el Partido Comunista Francés y la filial que acababa de crear en Argelia. De los otros, 200 podrían ser marroquíes, y hay que señalar que vinieron de todo el mundo árabe: Túnez, Siria, Irak, Arabia Saudí...

-Usted afirma que los moros no estuvieron detrás de la matanza de Badajoz...

-Un hijo de un Guardia Civil me dijo en Badajoz que su padre sólo hacía un servicio por la noche en aquella época, que era ir a asesinar a gente. Cuando los moros y la Legión asaltan Badajoz, el 14 de agosto de 1936, se trata de la primera batalla seria de la Guerra Civil. A la mañana siguiente del asalto de Badajoz, las tropas de choque ya están rumbo a Madrid, de nuevo en el frente. Obviamente, la matanza de la plaza de toros no la pueden hacer los moros, porque no estaban. Tampoco la hicieron los falangistas ni los requetés, porque no eran tropas regulares. La hizo la Guardia Civil, como ya he dicho antes, que era la unidad que estaba para operaciones de retaguardia. ¿Porqué en la plaza de toros? Por una razón, era el lugar más grande. Los prisioneros salían al ruedo y se iban encontrando con unos pelotones de guardias civiles que los fusilaban de 20 en 20. ¿Por qué esta cifra? Porque ésta era la capacidad máxima de la camioneta que tenía el ayuntamiento para trasladar los cuerpos. Esto pasaba también durante las noches, de forma que en toda las casas de la ciudad se oían las descargas. Hay que tener en cuenta que Badajoz y Extremadura tienen una gran importancia estratégica porque las tropas sublevadas rompen las líneas de la República. Es en Mérida donde, en agosto del 36, se unen las tropas rebeldes del norte con las del sur. Es la primera vez que se deja relativamente aislada a la República.

-Se ha polemizado mucho sobre este episodio. ¿Qué opina de versiones como la de Pío Moa?

-Cuando yo estuve en Badajoz, un testigo del que no puedo decir su nombre me dijo que Pío Moa no tenía ni idea y que nunca había estado allí. Yo hablé con el propio Moa una vez y le dije que estaba equivocado, y él sólo me contestó que tenía 30 ediciones de su libro 'Los mitos de la Guerra Civil'. Eso quiere decir que tiene su público, pero no que tenga razón. Yo le repliqué que no tenía ningún miedo y que estaba dispuesto a tener un debate con él. Moa aceptó en un principio, y no he vuelto a saber nada de él. Él nunca ha investigado en Badajoz, ni ha hablado con supervivientes, ni con sus familiares.




Eran anarquistas. Sonia GC

jueves, 4 de enero de 2018

La feminista socialista que se negó a que las mujeres pudieran votar

En España la lucha feminista en contra de la discriminación fue llevada adelante por mujeres como Clara Campoamor, letrada e intelectual madrileña que, elegida diputada por Madrid en 1931 por el Partido Radical, defendió puntos tan importantes como el divorcio, la no discriminación por razón de sexo y, muy especialmente, el sufragio universal. Este último punto sería fuente de discusión con la mayoría de sus colegas, siendo especialmente llamativo el enfrentamiento entre Campoamor con otras dos diputadas que, a pesar de compartir sus ideales y anhelos, se mostraron contrarias a que las mujeres pudieran votar. Y es que además de la famosa (y defenestrada) Victoria Kent, hubo otra mujer que expresó su rechazo a este propósito apelando a las mismas razones que la diputada del Partido Radical Socialista.

Margarita Nelken Mausberger (1894) era una mujer diferente dentro de la sociedad burguesa de su tiempo. Descendiente de judíos alemanes dedicados a la joyería, tanto ella como su hermana menor Carmen Eva recibieron una esmerada educación. Margarita, dotada de una gran inteligencia, había demostrado una inclinación natural hacia la música y la pintura desde muy corta edad, algo que unido a su extraordinario manejo de los idiomas (dominaba con fluidez el alemán y el francés, y se defendía en inglés) y su carácter independiente y decidido, le llevaría a destacar muy pronto entre los círculos culturales del país. En plena adolescencia, Margarita sorprendería a sus contemporáneos al escribir un extenso artículo sobre los frescos de Goya en la ermita de San Antonio de la Florida para la prestigiosa revista inglesa de arte The Studio. Decidida a hacerse un nombre, y con el beneplácito de su familia, Margarita se instaló en París donde estudió pintura y periodismo al mismo tiempo que realizaba colaboraciones en diversos medios de comunicación. A su vuelta a Madrid se haría una habitual de las tertulias intelectuales estableciendo amistad con otras relevantes personalidades del mundo cultural.

A pesar de seguir dedicándose al arte y a la traducción (se cree que la primera traducción de La metamorfosis de Kafka a nuestro idioma es suya), Nelken comenzó a interesarse por el activismo político y social. Feminista convencida, de ella surgirían algunas de las primeras obras que abordaban la limitada situación de la mujer, minusvalorada socialmente por su supuesta inferioridad intelectual y su naturaleza imperfecta. Obras críticas como La condición social de la mujer en España la situarían como una de las intelectuales más críticas con el papel doméstico de esposa y madre al que se veían abocadas las mujeres, siempre subordinadas al marido y sin que se le fuera reconocida la categoría de individuo libre con autonomía de acción propia. Implicada políticamente con las mujeres y con los agricultores, y favorecida por su oratoria y su carisma, pronto fue alcanzando celebridad entre las masas con sus discursos incendiarios en contra de patronos y fuerzas del orden. Afiliada al PSOE, por cuyo ideario se sentía atraída, fue elegida como diputada por Badajoz en 1931.




A diferencia de Clara Campoamor (izquierda) y Victoria Kent (centro) Nelken (derecha) fue reelegida posteriormente como diputada por el PSOE.


Aunque Margarita Nelken, Clara Campoamor y Victoria Kent mostraban mucha afinidad, las diferencias entre ellas comenzaron a notarse a propósito, precisamente, del derecho de las mujeres a votar. Kent y Nelken consideraban que, a tenor de los múltiples enemigos con los que contaba la república, debía primar el sentido político. ¿Tenía que conseguir la mujer española un derecho que le había sido negado? Por supuesto, pero tanto una como otra creían que las mujeres no estaban preparadas para ello y creían más viable el sufragio universal cuando el régimen republicano estuviera más asentado y las mujeres hubieran adquirido la preparación necesaria para votar responsablemente. Campoamor, por el contrario, pensaba firmemente que la universalidad de la ciudadanía no admitía principios excluyentes en un régimen republicano que se consideraba democrático. Tal y como expondría brillantemente en los acalorados debates en los que intervino, si la Segunda República cedía en este punto “se convertiría en una república aristocrática de privilegio masculino donde todos sus derechos emanaban del hombre”. Si bien Nelken y Kent intentaron atraer el apoyo del resto de diputados afines argumentando que el presumible voto conservador de las mujeres dañaría gravemente la frágil estabilidad republicana y los intereses de las facciones de izquierdas, se reconocería el derecho al voto de las mujeres en la Constitución de 1931.

Las elecciones de 1933, las primeras en las que las mujeres pudieron ejercer este derecho, parecieron confirmar los temores de Kent y Nelken. La CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) obtendría una amplia victoria. El activismo político de Nelken le llevaría a ser reelegida tanto en las elecciones de 1933 como en las de 1936. Su progresiva radicalización y su sentido crítico contra terratenientes y Guardia Civil le valdría, a raíz de la fracasada Revolución de Asturias, la retirada de su inmunidad diplomática y una condena de 20 años que la socialista no cumpliría. Nelken huiría a Francia y desde allí viajaría por Europa llegando a vivir unos meses en la URSS. De vuelta en España para participar como diputada socialista en 1936, el estallido de la guerra le conferiría una importancia especial. Alejada de la moderación del PSOE, meses después de iniciarse la contienda decidiría abandonar la formación para integrarse en el PCE. Presente en los frentes de Extremadura y Toledo, y habiendo participado en la defensa de Madrid, se granjeó mala fama entre algunos sectores republicanos por su supuesta violencia y crueldad para con los presos nacionales. Los sublevados, asimismo, la consideraban la encarnación de todos los vicios propios de la mujer republicana.

Heroína para algunos y pérfida para otros, Nelken recalaría en México después de la Guerra Civil. En el país azteca seguiría colaborando con el gobierno republicano en el exilio, aunque sin formar parte del PCE por su postura crítica contra de sus dirigentes. Crítica de gran prestigio en México, jamás volvería a pisar España. La muerte la sorprendería, paradójicamente, un 8 de marzo de 1968.